“¿Qué le pasa al mundo de hoy que, cuando se produce la bancarrota de un banco de inmediato aparecen sumas escandalosas para salvarlo, pero cuando se produce esta bancarrota de la humanidad no hay casi ni una milésima parte para salvar a esos hermanos que sufren tanto?”, se preguntó.

“El Mediterráneo se ha convertido en un cementerio, y no solo el Mediterráneo. Tantos cementerios junto a los muros, muros manchados de sangre inocente”, dijo citado por ACI Prensa.

En una audiencia concedida a los participantes del tercer encuentro mundial de los Movimientos Populares, Francisco recordó que “nadie debería verse obligado a huir de su Patria. Pero el mal es doble cuando, frente a esas circunstancias terribles, el emigrante se ve arrojado a las garras de los traficantes de personas para cruzar las fronteras, y es triple si al llegar a la tierra donde creyó que iba a encontrar un futuro mejor, se lo desprecia, se lo explota e incluso se lo esclaviza”.

“¿Qué hacer frente a esta tragedia?”, cuestionó. “En el Dicasterio (organismo especializado de la Curia Romana) que tiene a su cargo el Cardenal (Peter) Turkson –Desarrollo Humano Integral– hay un departamento para la atención de estas situaciones. Decidí que, al menos por un tiempo, ese departamento dependa directamente del Pontífice, porque aquí hay una situación oprobiosa, que sólo puedo describir con una palabra que me salió espontáneamente en Lampedusa: vergüenza”.

“Allí, como también en Lesbos, pude sentir de cerca el sufrimiento de tantas familias expulsadas de su tierra por razones económicas o violencias de todo tipo, multitudes desterradas como consecuencia de un sistema socioeconómico injusto y de conflictos bélicos que no buscaron, que no crearon quienes hoy padecen el doloroso desarraigo de su suelo patrio, sino más bien muchos de aquellos que se niegan a recibirlos”, señaló el pontífice.

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