Desde hace años circula por Internet un informe según el cual Ecuador tiene previsto vender un tercio de su región amazónica a China. El portal de Internet Business Insider informó en 2013(!) sobre una prevista subasta de derechos de extracción petrolífera en Ecuador y le dio a su nota un título llamativo («Ecuador venderá un tercio de su selva amazónica a empresas petroleras chinas»). Hace pocas semanas, algunos medios de comunicación disidentes chinos resucitaron esta noticia anticuada, que también se difundió en las redes sociales chinas.

Sin embargo, las compañías petroleras chinas no son propietarias de partes del Amazonas en el Ecuador, ni tampoco pueden los jubilados chinos esperar retirarse a territorio chino en Ecuador, al menos no todavía. A fin de arrojar luz sobre la actual explosividad de la creciente dependencia que tiene Ecuador de China, hay que echar una breve mirada al pasado reciente del país sudamericano.

Ecuador paga sus deudas con petróleo

La principal fuente de ingresos de Ecuador es el petróleo y los campos petrolíferos más ricos están situados en las zonas de difícil acceso del Amazonas. Durante el mandato del presidente Rafael Correa (2007-2017), Ecuador experimentó un relativo auge económico. Las costosas medidas de infraestructura y los programas sociales fueron financiados con pagos de crédito de China.

A su vez, Ecuador se comprometió en 2016 a vender millones de barriles de petróleo a los chinos en condiciones favorables. Hasta 2024, Ecuador debe suministrar el 90 por ciento del total de su crudo exportable a China. El monto exacto de la deuda y las condiciones son tan opacas que ni siquiera el actual ministro de Petróleo de Ecuador dice conocer todas las condiciones.

Pero Carlos Mazabanda, de la organización ambientalista Amazoan Watch, no le sorprende que Correa haya firmado este trato: «Para Rafael Correa, parecía una buena idea en ese momento. Consiguió directamente dinero a cambio de servicios que solo tendrían que ser pagados en el futuro, en petróleo». En consecuencia, esto tuvo el efecto que el Gobierno trató de aumentar y expandir la producción de petróleo en toda la región amazónica, dice Mazabanda en entrevista con DW.

Resistencia de la población indígena

A pesar de algunos éxitos legales en las demandas presentadas por representantes indígenas contra la extracción de petróleo en el norte de Ecuador, el activista Mazabanda se muestra escéptico sobre el futuro. «Sí, soy muy pesimista. Con el declive de la economía, aumentará la presión para extraer más materias primas sin respetar los requisitos mínimos de la constitución en cuanto a la consulta previa, libre e informada de los pueblos indígenas». Además, Mazabanda dijo que estos proyectos solo enriquecerían a las grandes corporaciones. «Desde que el primer barril de crudo salió de este país, solo el sector económico se ha beneficiado. La población de la región amazónica del norte del Ecuador sigue careciendo de atención sanitaria y perspectivas adecuadas».

China se beneficia de la pandemia

La deuda de Ecuador es actualmente de alrededor del 60 por ciento del producto interno bruto. La pandemia del coronavirus está golpeando al país con especial dureza. «La llegada del coronavirus y la caída del precio del petróleo nos obliga a tomar medidas por la salud del país», apuntó Moreno por redes sociales. Y la petrolera estatal boliviana YPFB calificó de «catástrofe» el desplome.

La pandemia aumenta la presión sobre el Gobierno de Quito para recaudar fondos y podría acrecentar aún más la dependencia de China. El default podría hacerse realidad dentro de unas semanas, según informó la revista de negocios Forbes a finales de abril. Según Mazabanda, China no se vería particularmente afectada por esto, ya que las deudas podrían seguir pagándose con materias primas en lugar de dinero.

Para poder mantener la solvencia, el ministro de Finanzas de Ecuador, Richard Martínez, declaró a finales de marzo que esperaba obtener unos 1.000 millones de dólares de financiación bilateral, especialmente con China. El Gobierno ecuatoriano entablaría conversaciones con sus acreedores comerciales y bilaterales para implementar una «reorganización consensuada de los pasivos» pendientes, lo que le permitirá, según el ministro, atender la emergencia sanitaria y también «mantener acceso a las fuentes de financiación» de cara al futuro.

En cuanto a la creciente dependencia del Ecuador de la buena voluntad de China, Carlos Mazabanda expresa un deseo: «Espero que, en vista de la actual situación económica del Ecuador, este acuerdo entre China y el Ecuador pueda ser revisado. Después de todo, se trata de dos socios económicamente muy desiguales. Y la parte más débil, Ecuador, se ha visto muy afectada por este acuerdo».

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