Varias comunidades religiosas participarán hoy del viacrucis en diferentes puntos de la ciudad, además habrá una misa para recordar los últimos momentos de Jesucristo en la cruz, y la preparación para el ayuno y oración del sábado, indicó Bolívar Piedra, vicario de la Arquidiócesis de Cuenca.
Ayer se desarrolló la Misa Crismal, celebración presidida por el obispo y concelebrada con los presbíteros de la diócesis en la que se consagra el santo crisma y los santos óleos que darán alivio al enfermo.
En la ceremonia, en la que participaron todos los párrocos de la Arquidiócesis de Cuenca, se renovaron además los votos de los sacerdotes, quienes prometieron, una vez más, guardar castidad, pobreza y obediencia a la Palabra de Dios.

Ceremonia
La ceremonia del Jueves Santo fue presidida por monseñor Marcos Pérez Caicedo, arzobispo de Cuenca en la Catedral Nueva. En su mensaje hizo un llamado a la unidad: “en estos tiempos de conflictos que no deben afectar nuestra hermandad”.
“Debemos dar testimonio de unidad, trabajar juntos por el Ecuador, nunca destruirnos a pesar de las diferencias que podemos tener”, dijo el Arzobispo.
En su sermón se refirió también a la labor sacerdotal, esto en el marco de la renovación de los votos de los párrocos de Cuenca.
“El sacerdote debe ser un consejero, confesor, hermano y amigo, no debe buscar el poder sino el servicio”, dijo Pérez Caicedo y añadió que “el curita más cercano a su pueblo es el más querido, y ese es el objetivo de nuestra labor”.
Pidió también a los fieles rezar por los sacerdotes, para que la parroquia se convierta en la familia del pastor y “éste ame como hermanos a los feligreses”.

Ritual
Una vez finalizada la homilía se dio paso a la bendición del aceite y óleo que fueron repartidos a las diferentes parroquias eclesiales para servir durante todo al año al alivio de los males de los feligreses.
Recipientes de plata fueron trasladados por la entrada principal de la Catedral de Cuenca hasta el púlpito a través de una procesión en la que participaron seminaristas, presbíteros y diáconos vestidos de blanco y dorado.


El aceite para los enfermos y ancianos, que lleva alivio a los dolores, así como el aceite de los catecúmenos, utilizado para ungir a quienes se preparan para recibir el bautismo, fueron bendecidos por Monseñor y entregados a los obispos.
Luego en un recipiente especial se bendijo el Santo Crisma, un aceite virgen al cual el Arzobispo de Cuenca añadió un bálsamo bendito que luego mezcló y bendijo a través de la imposición de manos de todos los sacerdotes de la Arquidiócesis.
Este aceite será usado en el sacramento del bautismo y la confirmación, así como en la ordenación de obispos y presbíteros, la dedicación de las nuevas iglesias y del nuevo altar de las edificaciones.


Tras la bendición, Marcos Pérez recordó a los feligreses que para la iglesia católica, la Semana Santa representa una fecha para el recogimiento, para meditar sobre nuestras vidas, “para dejar en la cruz todo la malo, para resucitar como hombres nuevos”. (JPM) (I)

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