La mayoría de los peatones consultados desconoce que existe multa de $ 57,9 para quien invada la vereda. Pese a los controles de la ATM, la práctica se mantiene en toda la ciudad. Un par de mujeres transitan por una acera de la avenida 25 de Julio, cerca de una peatonal que conduce hacia el sector conocido como ciudadela Villamil, en el sur de Guayaquil. Con ellas va un pequeño de aproximadamente tres años de edad. Llegan cerca de un chifa y deben detenerse: Un auto color blanco impide el paso, estacionado de tal forma que ocupa todo el eje transversal de la acera. Como opción, caminan sobre el bordillo, a escasos centímetros del tránsito vehicular que circula a 60 km por hora, el límite de velocidad permitido en la zona. Con las espaldas hacia el carro que les impidió pasar, las mujeres consiguen continuar con su camino. En los alrededores no se divisa un agente o patrullero de la Autoridad de Tránsito Municipal (ATM). La situación, según el sector, es esporádica o permanente pero tienen como factor casi común a locales comerciales como concesionarias de automotores, talleres, restaurantes, gimnasios, entre otros. En situaciones excepcionales, ocurre frente a domicilios. Por ejemplo, en las manzanas 1 y 29 de la ciudadela Bellavista, del lado de la av. José María Velasco Ibarra, es cotidiano observar carros parqueados frente a residencias, según Jenny Celi, quien llega frecuentemente a la zona para visitar a su hija. La ciudadana explica que la práctica se extiende por todo el sector. “No hay muchos sitios para parquear y donde los hay, las calles son estrechas y los conductores dejan medio carro sobre la acera para que no los choquen”, justifica Celi. En cuanto a las personas que ponen su medio de transporte, literalmente, en vereda, existe desconocimiento sobre si tales espacios de parqueo cuentan con permiso municipal o de la ATM. En un gimnasio ubicado en la ciudadela Los Almendros, al sur de la ciudad, hay líneas amarillas que definen los sitios reservados para sus clientes. En total, hay 15 espacios delimitados. Pero además de usarse estos lugares, que dejan un espacio de aproximadamente 2,5 m de acera libre para el peatón, hay conductores que se estacionan sobre ese espacio que, en teoría, debe ser para el transeúnte. Al ser consultados sobre su proceder, ninguno quiere dar la cara. “¡No hay pues, por dónde parquear!, se atreve a gritar un joven que se baja de un Chevrolet Blazer color negro. Del lado de los peatones existe, en cambio, mucha apatía y conformismo. Entre las personas consultadas, incluso desconocen que la ordenanza para la facilitación de la circulación vehicular en la ciudad de Guayaquil establece en el artículo 6 una multa del 15% del salario básico ($ 57,9) para quien estacione en lugares prohibidos por la ATM. En la avenida Carlos Julio Arosemena, por ejemplo, existe poca circulación de peatones, pero si hay deportistas que necesitan la acera. En las concesionarias, los conductores colocan sus vehículos sobre los espacios específicos para los peatones. Quienes transitan por esta avenida, que se caracteriza por tener pocas aceras libres y muchas entradas hacia garajes y estacionamientos, son en su mayoría personas que laboran en la zona. Por su parte, la ATM efectúa controles, según lo que se observa en sus redes sociales tras recibir denuncias ciudadanas, pero estos resultan insuficientes si se toma en consideración que la falta es cotidiana y recurrente. La ciudadana Elisa Espinosa cree que hay impunidad y eso motiva a los infractores. El problema no termina con los locales comerciales y residencias que se toman las aceras para parqueo sino también en los inquilinos de inmuebles con más de dos plantas que contratan a un cuidador para colocar sus vehículos en espacios restringidos. Esta práctica es común en calles como El Oro, Maldonado, Venezuela y otras del este de la urbe. Este diario solicitó al Departamento de Comunicación de la ATM información sobre los controles efectuados. Pero, hasta el cierre de esta edición, no se contestó la solicitud. (I)

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