El salvavidas de los bomberos de Guayaquil pierde su batalla ante el COVID-19

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Guayaquil, 29 abr (EFE).- Tras 16 años de servicio voluntario en el cuerpo de bomberos de Guayaquil, donde era conocido como el «salvador de los suicidas», el mayor Guillermo Lázaro perdió su batalla ante el coronavirus, el único escenario que nunca imaginó y que ha arremetido con tanta dureza en su ciudad.

Aunque siempre apostó por la vida, esta vez este rescatista y jefe de la Quinta Brigada del Cuerpo de Bomberos de Guayaquil, no pudo esquivar a la muerte y falleció el martes a los 53 años, tras dos semanas de lucha sin cuartel contra unos síntomas compatibles con el COVID-19.

DUEÑO DE UN TALLER

No era psicólogo ni terapeuta, tenía un taller de metalurgia en un suburbio de la ciudad, pero su intuición y empatía le permitieron salvar, a lo largo de su trayectoria como bombero, al menos a ocho personas que intentaron suicidarse.

«Tuvimos un par de rescates en una torre de telefonía móvil, de personas que se querían suicidar, en Las Malvinas (sector del sur de Guayaquil)», relató a Efe con una mezcla de pesar y orgullo su compañero y amigo Jorge Montanero, jefe de la Dirección de Rescate de los Bomberos.

Y recuerda una primera ocasión en la que acudieron juntos a uno de los intentos de suicidio: «Nos subimos al camión y yo le dije: ‘Guillermo, cuidado se nos cae’, pero como él era muy fuerte, le dijo al hombre que confiara, que no lo iba a dejar caer, lo agarró del brazo y lo bajamos juntos».

COMENZO COMO VOLUNTARIO RESCATISTA

En Guayaquil, la ciudad que llegó a acumular la mitad de los casos de contagio de COVID-19 de Ecuador, Lázaro era un héroe.

Montanero lo conoció hace 16 años, los que el rescatador de suicidas llevaba como voluntario en la institución.

«Lo recuerdo bien porque entró con un grupo de bomberos que hicieron un cambio muy bueno en el sector sur de la ciudad. Empezó desde muy abajo», menciona su amigo.

Sobre sus cualidades, que nunca perdió, destaca su voluntad de colaborar, fortaleza y disciplina: «Un líder nato que fue creciendo y madurando en sus labores de bombero. Lo conozco bien porque estuvo bajo mi mando».

Su labor lo llevó a convertirse en jefe de Bomberos de todo el sur de Guayaquil y segundo de abordo de la División de Rescate, pese a su condición de voluntario.

El mayor Lázaro salvó la última vida el pasado diciembre, precisamente en el rescate «más destacado» de su carrera.

En aquella ocasión convenció a un hombre de 49 años de no quitarse la vida tras lograr subir a una antena telefónica en la que se había encaramado el suicida en el sur de Guayaquil.

Días después, acudió con víveres a la casa del afectado para ayudarlo a sobrellevar su situación.

«Lo primero que hago es que el individuo capte mi atención, ya después procedo al diálogo», contó a los medios entonces sobre su sencilla y efectiva técnica.

Montanero cree que el trabajo en el cuerpo fortaleció más si cabe sus vínculos. «Lo quería mucho y lo seguiré queriendo por el resto de la vida. Le gané aprecio a él, a su esposa y a sus hijas. Son 16 años, no son dos días», rememora con la voz entrecortada.

Lázaro también formó parte de varios equipos que rescataron a personas atrapadas en graves accidentes de tránsito, incendios y, por supuesto, en el terremoto que golpeó con mayor fuerza a las provincias costeras de Manabí y Esmeraldas, en abril de 2016.

«Fuimos el primer contingente de Bomberos de Guayaquil», menciona Montanero.

El mayor también viajó a México en septiembre de 2017, para brindar ayuda tras el sismo que sufrió ese país.

BOMBERO BAJO EL COVID-19

Según las últimas estadísticas oficiales, la provincia de Guayas registra 10.417 positivos, de los 24.675 contagiados y 883 fallecidos oficiales en todo el país, aunque las cifras siguen siendo especulativas porque el Gobierno ecuatoriano cambia cada varios días la fórmula de cálculo.

Como para sus conciudadanos, la segunda quincena de marzo y la primera de abril, fueron quizás las semanas más difíciles de su carrera, cuando cientos de cadáveres quedaron en las calles y en domicilios por la incapacidad de las funerarias para recogerlos.

Antes de enfermar, Lázaro fue convocado a la Fuerza de Tarea de Bomberos de Guayaquil, un grupo municipal que ayudó durante los días más críticos en la recolección de cadáveres en viviendas de la urbe más golpeada por el coronavirus en Ecuador.

En esos días hizo todo lo posible también para ayudar a que otro jefe de la institución, también fallecido, ingresara a un hospital para que pudiera recibir atención médica por la pandemia.

«Hasta el último latido Guillermo estuvo ahí dando lo mejor», afirma su amigo.

Como otros miles de fallecidos en la provincia de Guayas, según constata el Registro Civil, Lázaro murió oficialmente por «problemas respiratorios» sin que se le practicara una prueba para diagnosticar el COVID-19.

Fue enterrado la mañana de este miércoles en un sepelio corto y sencillo en el que el Cuerpo de Bomberos de Guayaquil quiso agradecerle su aportación a través de tres de sus compañeros que le rindieron honores en un camposanto de la urbe mientras sonaba una trompeta.

Cuatro familiares recibieron su casco y una bandera que había sido colocada sobre el ataúd de este héroe guayaquileño, otro salvavidas que sucumbió a la pandemia.