El paso ilegal es estrecho, del ancho exacto para que circule solo un carro. Las luces de las camionetas del Servicio Nacional de Aduana del Ecuador (Senae) alumbran el pasadizo de difícil acceso, atestado de baches y lodo. A la izquierda, a la derecha y al fondo solo hay maleza y árboles cuyas ramas golpean la estructura del vehículo. Más allá de ese resplandor, los ojos perciben una negrura infinita. Son las 22:00 y los agentes patrullan uno de los 14 caminos no autorizados que conectan a la provincia de El Oro con Perú. Este conducto es conocido como La Chiquita. En el trayecto, entre tanta lobreguez, solo se visualizan dos casas, una de estas abandonada. La otra está a unos 50 metros de distancia del filo de la vía de tercer orden. La silueta de una persona, de características indistinguibles debido a la oscuridad, enciende una linterna y alumbra a los vehículos con un potente rayo blanco. Los vigilantes aduaneros no se detienen, pues para ellos es normal que aparezcan personas atentas a cualquier movimiento. El zangoloteo dentro de las camionetas sigue unos minutos más hasta que dos puertas improvisadas, de planchas de zinc agarradas a pedazos de madera, marcan que el recorrido terminó. Los pedazos de metal oxidados están asegurados con cadena y candado. Es imposible observar qué hay detrás del límite, pero a poca distancia el territorio ya es peruano. Este tipo de ‘peajes improvisados’ se encuentran en otras dos sendas, una de ellos conocida como La llanta. Les cobran el paso Hernán Solís, director de la Zona 2 de Vigilancia Aduanera, precisa que los propietarios cobran una especie de ‘peaje’ para permitir el paso a los conductores y que eso es investigado. Por ese portón, una semana antes, un camión cruzó desde el vecino país y fue descubierto por los agentes de la Senae. Estos iniciaron una persecución que no tuvo buen término. Los habitantes de Arenillas les cerraron el paso, los agredieron con piedras y palos y luego quemaron una de las camionetas del Estado. “El nivel de agresividad se ha incrementado. Muchas veces, las personas que viven cerca solo son espectadores, pero también hay quienes ayudan a los contrabandistas directa o indirectamente; por ejemplo, avisan si llega o no una patrulla. Nosotros tenemos un grupo de inteligencia y hay ciudadanos que llaman a denunciar al 1800-335486 (Delito). Hacemos operativos conjuntos con la Policía y las Fuerzas Armadas. En La Chiquita tenemos bastante incidencia de contrabando en vehículos pesados”, señala. Agregó que también se ha conocido de contrabandistas que adquieren terrenos en los pasos no autorizados para esconderse y ocultar la mercadería durante los controles. Solís asegura que el paso por donde hay más contrabando es en el puente que conecta Huaquillas (Ecuador) con Aguas Verdes (Perú). La modalidad ahí es la considerada de ‘hormiga’, en el que participan las personas que viajan e ingresan paquetes pequeños. Tablones facilitan el paso A poco más de 11 kilómetros del centro de Huaquillas, está la población de Chacras. Ana María vive frente a una cancha de cemento y una iglesia Católica en construcción. Cerca de ahí termina la calle pavimentada y empieza uno de los pasos no autorizados que bordea la frontera y que termina cerca del corredor comercial del puente internacional. En este tramo, las naciones están separadas por el canal de agua de Zarumilla, sobre el cual hay plataformas suficientemente resistentes para permitir el paso de motos, tricimotos, autos y carros medianos. Este es un lugar común por el que pasan productos de contrabando. En ocasiones un carro se queda de un lado del canal y una persona se encarga de pasar los bultos a otro vehículo estacionado en el camino del país vecino. Ana María asegura que todos los días entran y salen vehículos grandes, pero que no siempre se trata de contrabando. Algunos parten cargados desde las bananeras, sembríos de cacao y otros productos que hay en el camino de aproximadamente 20 kilómetros. “Vemos que hay patrullajes constantes, pero creo que es difícil frenar esa actividad, pues mientras se controla un paso, los infractores encontrarán otro”, detalla la mujer. El sendero pasa por debajo del puente del Centro Binacional de Atención en Frontera (Cebaf) que inició su funcionamiento en 2011 ante la necesidad de facilitar el transporte internacional por la carretera de la subregión Andina, según publicó el Ministerio de Transporte y Obras Públicas (MTOP). Está conformado por dos edificaciones gemelas una en cada país, destinado a facilitar los servicios de Aduana, Migración, Antinarcóticos y Agrocalidad. Los drones permiten localizar nuevas rutas ilegales Desde la parte baja se observa un rótulo antiguo con la bandera de Ecuador y Perú, mostrando el límite del territorio. Por ahí abajo circulan los contrabandistas. Es más hay una curva adecuada a menos de 20 metros que los lleva directamente al centro de la población ecuatoriana más cercana. Bryan Pantoja, miembro del departamento de Tecnología de la Unidad de Vigilancia Aduanera, ataviado con un chaleco antibalas saca del vehículo un portafolio negro. En menos de un minuto arma el dron que le permitirá visualizar el panorama desde el aire. Ubica el dispositivo en tierra con las hélices en su lugar y con un control parecido al utilizado en videojuegos, con una tableta electrónica incorporada, lo activa y maniobra. “El dron tiene un alcance de 500 metros de altura y distancia horizontal de hasta dos kilómetros, con opción a acercar la imagen. Además toma fotos y graba videos en tiempo real que quedan como evidencia del delito aduanero. Todo lo observa en la pantalla”. El vigilante afirmó que la noche no impide captar algún movimiento inusual, pues el dispositivo posee una cámara termográfica que capta imágenes por la temperatura del cuerpo en zonas de dificultad, por ejemplo en la zona selvática de la frontera. El aparato tiene una autonomía de vuelo de 15 a 17 minutos. En el caso de la Sierra el tiempo de vuelo es menor, tal vez unos dos minutos menos, debido al viento. Bryan está parado debajo del puente acompañado de agentes vestidos de camuflaje y también protegidos con chalecos. El joven busca una sombra para apreciar mejor las imágenes proyectadas desde lo alto. El dron sobrevuela el sitio conocido como el ‘Tropezón’, considerado una de las zonas más peligrosas. Ahí culmina el camino que empezó en Chacras y se convierte en una especie de plazoleta donde a diario pasan los productos de un lado a otro. Los cargadores aguardan en el sector ‘El Tropezón’ Los estibadores que ofrecen sus servicios han adecuado covachas para protegerse del intenso sol y mientras esperan algún contrato descansan en hamacas o sillones viejos. También hay recicladores montando en un camión las latas dispersas del lado peruano. Cuando llegan los agentes de la Aduana pausan sus labores y miran atentamente cada movimiento, igual están del lado peruano y no pueden hacer nada. Justo en ese momento nadie estaba en el límite ecuatoriano. “Uh, si por aquí hasta droga pasa”, rumorea una persona que está en el sitio. “Hay personas de mala fe que ofrecen desde ahí llevar los productos o artefactos hasta otras ciudades donde ya no hay controles, pero ya no llega. Es peligroso”, agrega uno de los investigadores que prefirió reservar su nombre. Gabriel Díaz, director distrital de la Aduana de Huaquillas, informó que para fortalecer los controles se incorporaron dispositivos electrónicos. “Trabajamos conjuntamente con el ECU-911 para vigilancia con las cámaras que monitorean los puntos críticos: cuatro en línea de frontera y otros en el interior del país. También tenemos candados satelitales que sirven para vigilar las operaciones de traslado, lo que tiene que ver con comercio exterior. Si quieren abrir la unidad de carga se emite una alerta”. Además hay máquinas de rayos X con las que se detecta mercadería camuflada en dobles fondos o en cualquier parte de autos, buses o camiones. Una de ellas está en el control de Aduanas de Chacras, el paso legal por el que transitan todos los vehículos que salen de Huaquillas. Adicionalmente, “en combinación con el Ministerio Coordinador de Seguridad trabajamos en la implementación de los drones. Estos dispositivos son utilizados en la frontera sur y norte. Los monitorea la Unidad de Vigilancia Aduanera, un grupo especializado de inteligencia. Hemos realizado los requerimientos para cubrir el límite territorial, pero estamos trabajando no solo con presupuesto del Estado, sino también con organismos internacionales como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) donde existe un proyecto de vigilancia aduanera”. Díaz destacó que esta tecnología permite tener información en tiempo real, ampliar el área de control sin ser detectado, seguimiento de rutas e identificación de nuevos pasos no habilitados. “Cuando llueve fuerte se complica el ingreso a las vías ilegales, pero con el seguimiento desde el aire se pueden ejecutar planes de acción y aprehender los vehículos donde el riesgo sea mínimo”. (I) Datos En Ecuador, durante los primeros meses de 2017, los agentes del Servicio Nacional de Aduana (Senae) incautaron productos valorados por un total de $ 5’044.889. Los textiles fueron los artículos que representaron el mayor monto. De acuerdo con cifras de la institución fue de $ 970.417. Luego está la electrónica y sus partes con un valor de $ 706.067. Las frutas y comestibles significaron un total de $ 553.155; el calzado, $ 265.518; los licores $ 263.835; medicinas e insumos, $78.661; los vehículos y sus partes $ 68.000 y otros no especificados, $ 2’139.236. Las piladoras de arroz son constantemente intervenidas para evitar el contrabando de la gramínea. Aquí se verifican documentos, soportes de clientes y proveedores, control de ingresos y salidas, inventarios, inspecciones físicas del producto para determinar si es ecuatoriano o peruano. Además la revisión del Comprobante de Origen Nacional de Productos Agrícolas (Compa). Entre enero y febrero de 2017 se confiscaron $ 86.000 en el sur del país.(I)

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