Además de la acumulación de las tareas del hogar las mujeres deben enfrentarse a un mal que continúa arraigado en la sociedad: la violencia. Estos días de aislamiento se han vuelto mucho más complejos para quienes están obligadas a cumplir varios roles que aún no son compartidos con los hombres.

Por eso hoy en día en Ecuador y sobre todo en Azuay, que según la Encuesta Nacional sobre Relaciones Familiares y Violencia de Género Contra las Mujeres (ENVIGMU, 2019) es la provincia donde más prevalece la violencia, hay dos pandemias: la violencia machista y la crisis sanitaria.

Aunque los datos sobre la violencia registrados en las últimas semanas podrían interpretarse de otra manera, la situación es distinta, y para varios analistas la verdad y la situación es otra.


Llamadas de auxilio

En la provincia del Azuay, en marzo de 2020, el ECU 911 ha recibido 215 llamadas en las cuales se ha alertado de violencia intrafamiliar y nivel nacional 6 819. Los números son preocupantes para los grupos que buscan proteger a las mujeres que viven en un espacio de agresividad y ahora mismo no pueden salir por el aislamiento obligatorio.

“Nosotras estamos muy preocupadas. Si antes de la pandemia había problemas para acceder al resguardo, imaginémonos ahora. Las mujeres no pueden hacer llamadas porque viven con su agresor y tienen miedo”, dice Blanca Pacheco, directora de la Fundación María Amor.

Según los relatos escuchados y los análisis realizados por quienes buscan erradicar la violencia de género, para las mujeres que han sido violentadas es muy difícil llamar. Hasta antes de la pandemia hacer una llamada de auxilio era complejo, y si se la hacía era cuando el agresor no estaba en casa.

Pero con la emergencia sanitaria las llamadas han disminuido y no porque no haya violencia, sino porque el agresor está allí, junto a la mujer.

“Si antes de la pandemia había problemas para acceder al resguardo, imaginémonos ahora. Las mujeres no pueden hacer llamadas porque viven con su agresor y tienen miedo”. Blanca Pacheco, directora de la Fundación María Amor.

“Si cuando el agresor está afuera tienen miedo de hacerlo, imagínense ahora cuando el agresor está viviendo con ellas. Esto ya pasa por un tema de empoderamiento que no pasa de la noche a la mañana, y esto es un tema de largo plazo en el que está relacionado el sistema con el que vivimos”, dice Tania Avecillas, secretaria ejecutiva del Consejo de Protección de Derechos de Nabón.

Acciones y estrategias


Ante la complejidad de la situación, docenas de instituciones, fundaciones y grupos de ayuda han elaborado protocolos y estrategias para auxiliar a las víctimas. En algunos casos se han creado códigos para las mujeres que no pueden hablar.

“Pero con la emergencia sanitaria las llamadas han disminuido y no porque no haya violencia, sino porque el agresor está allí, junto a la mujer”.

Por ejemplo, en la provincia de Pichincha, si se llama al número 0987427448 solicitando “una canasta roja” enseguida acude un equipo de auxilio al lugar.


Por su parte en Azuay se han activado líneas telefónicas para la atención a mujeres violentadas. Desde la Secretaría de Derechos Humanos se brinda atención psicológica y social. Para acceder a estos servicios las personas deben llamar al 0979077413.